¿Qué es el pie equinovaro?

El pie equinovaro es una malformación congénita, es decir, que está presente desde el propio nacimiento. Consiste en una aflicción que involucra los pies y la parte inferior de la pierna cuando el pie se curva hacia dentro y hacia abajo. Se puede manifestar en uno o en ambos pies.

Esta deformación del pie ocurre cuando los tendones y ligamentos tensos impiden que el pie se estire hasta alcanzar la posición correcta.

Aunque no es una dolencia extraña -cada año nacen aproximadamente 120.000 niños con esta dolencia- su origen no está totalmente definido. A día de hoy, nos encontramos con diversas causas que explican su aparición: 

  • Etiología  idiopática: causa desconocida. Esto sucede en más del 90% de los casos de pies
    equinovaros.
  • En un cuadro  sindrómico: como la  artrogriposis (movilidad reducida en muchas articulaciones del cuerpo).
  • En un cuadro neurológico: como en casos de  mielomeningocele (lesión medular congénita).
  • Pies  equinovaros ‘posturales’: producidos por la compresión con la pared   uterina. Son los casos más fáciles de tratar y tienen un mejor pronóstico.

Muchos terapeutas coinciden en que cada vez va cogiendo más peso el origen genético, lo que dificulta mucho su prevención.

A pesar de las condiciones genéticas que conllevan su aparición,  nos encontramos con pies equinovaros de distinta índole, ya que, el pie equinovaro puede ir desde un grado leve y flexible a grave y rígido. De este modo, habría 3 tipos distintos de dolencias:

  • Pie  equinovaro postural: es un tipo flexible de esta deformación.
  • Pie equinovaro genético o  idiopático:  son los casos más rígidos y graves.
  • Pie equinovaro relacionado con alteraciones neurológicas: entre estas alteraciones destacan la  artrogriposis  y la  mielomeningocele.  

El hecho de ser una patología, en general muy marcada, muy evidente y presente desde el nacimiento, hace que sea, en la mayoría de los casos,  fácilmente diagnosticada durante el reconocimiento médico general del recién nacido a través de un simple examen de la morfología del pie.

Así, una vez diagnosticado, se realizará una exploración general del recién nacido que permitirá diferenciar el pie equinovaro idiopático del neuromuscular, y descartar la presencia de malformaciones congénitas asociadas. También se determinará el grado de  irreductibilidad  del pie mediante una exploración de los componentes de deformidad y el grado de rigidez. Por último, se valorará la  significancia  de los   pliegues cutáneos.

Como parte positiva de esto: el hecho de estar presente desde los  primeros instantes de vida permitirán llevar a cabo un tratamiento muy temprano, permitiendo corregir dicha malformación. De hecho lo ideal es que el tratamiento sea lo más precoz posible aspirando a corregir todos los componentes de la deformidad. Para eso, lo idóneo es iniciarlo desde el nacimiento, cuando el pie es más fácil de reformar. Asimismo, será fundamental el control continuo de la evolución de la corrección de esta patología por parte de un especialista.

El más común suele ser un tratamiento  ortopodológico que consiste en la realización de estiramientos suaves y la colocación de  férulas que mejorarán de forma paulatina la forma y posición del pie. Este tipo de tratamientos, son eficaces en alteraciones flexibles y moderadas. 

El tratamiento más común es el denominado método de  Ponseti. Se basa en la aplicación de un yeso o  férula  que debe renovarse semanalmente e irá mejorando paulatinamente la posición del pie. El tiempo necesario para alcanzar la corrección de la deformidad depende del grado de deformación y rigidez inicial del  pie. Una vez la posición del pie esté corregida, el niño tendrá que utilizar un dispositivo  ortopédico especial durante las noches y las siestas una temporada. En muchos casos, este tratamiento  puede combinarse con una cirugía sencilla para alargar el tendón de Aquiles -a menudo el problema está relacionado con un tendón de Aquiles  tensionado. 

En los casos más complejos, pies rígidos y  estructurados, el pie equinovaro requerirá  cirugía  reconstructiva. La técnica variará según la gravedad del pie equinovaro , entrando también otros factores en la ecuación, como la edad del niño y los tratamientos a los que había sido sometido previamente. En cualquiera caso, el niño estará bajo anestesia general durante toda la cirugía, por lo que no sentirá molestia alguna. Tras la cirugía, puede ser necesario colocar una  férula de yeso para afianzar la posición correcta. Dependiendo de la técnica empleada y las características del paciente, este podrá irse a casa ese mismo día o permanecer en el hospital un par de días. Además, se le pautarán analgésicos con el fin de paliar el dolor.

Tras quitarse el último yeso, el especialista indicará, en la mayor parte de los casos, el uso de un dispositivo ortopédico y probablemente remita al niño a un fisioterapeuta que le enseñará ejercicios con el fin de fortalecer el pie y mejorar su flexibilidad.

Aunque la mayoría de los casos corrigen la malformación definitivamente  tras la cirugía, es posible que los niños de edad más avanzada necesiten otra intervención  quirúrgica en el futuro si aún presentan deformidad en el pie.

En definitiva, pese a que puede acabar siendo un problema bastante aparatoso, si el diagnóstico y tratamiento son precoces, tiene una solución relativamente sencilla en la mayoría de los casos. El mayor problema recae en aquellos países en los que no hay una sanidad pública de calidad. Esto, ocasiona que muchas personas no reciban un tratamiento correcto para esta patología, haciendo de esta malformación un problema que afecta la realización de las  suas actividades diarias, ya que les impide  desplazarse con normalidad

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