melanocarcinoma lentiginoso acral (MLA)

El melanocarcinoma lentiginoso acral (MLA) en el pie es una variante poco frecuente, pero a menudo muy agresiva, de melanoma o cáncer de piel. Este tipo de patología es diagnosticada en muchas ocasiones con retraso por ser una zona poco examinada, además de imitar otras afecciones, incluyendo lesiones vasculares y úlceras. Por otra parte, se conoce que su incidente es mayor en varones y en personas de piel no caucásica.

Esta patología es una variedad de melanoma maligno cutáneo que tan sólo representa el 1%. Por el contrario, frente a la primera cifra se encuentra el melanoma de extensión superficial, que representa el 65% de los casos, seguido por el melanoma léntigo maligno (27%) y el melanoma nodular (7%). A pesar de que el MLA tan sólo representa 1 de cada 100 casos, implica el 80% de las muertes relacionadas con esta tipología de cáncer. A pesar de a su baja incidencia su pronostico suele ser peor debido a la agresividad de este tumor, la tardanza en el diagnóstico o a un primer diagnóstico erróneo. Este es confundido, por ejemplo, con úlceras, verrugas, pie de atleta o nevus.

Las partes del cuerpo que generalmente se ven afectadas por el melanocarcinoma lentixinoso acral son las palmas de las manos, las regiones ubicadas debajo de las uñas o subungueal y las plantas de los pies, siendo estos últimos las zonas más frecuentes. Por otra parte, el sector de la población más afectado por esta patología se sitúa en edades superiores a los 60 años y la raza pasa a ser un factor determinante, pues se dan más casos de MLA en los pies en personas con piel oscura, aunque es cierto que el melanoma en general, afecta más a la población blanca.

En cuanto a su diagnóstico, se pueden emplear varias herramientas. La más básica es el protocolo de valoración de lesiones ABCDE (asimetría, bordes irregulares, color variado, diámetro mayor de 6 milímetros y evolución, es decir, si se percibe algún cambio) y la observación de otras alteraciones en la piel como puede ser el picor, inflamación, úlceras o erosiones. Sin embargo, este procedimiento, al igual que la biopsia, se hace complicado si envuelve pies o uñas. Otros instrumentos para su detección son la dermatoscopia, que permite diferenciar las estructuras benignas y malignas que se puedan encontrar en la piel o el estudio histológico, mediante lo cual se observa la estructura, desarrollo y funciones de tejidos y células vivas.


Por la peligrosidad de esta variedad de melanoma, la/el podóloga/o debe permanecer en continua alerta ante cualquier lesión dérmica sospechosa en las extremidades inferiores. El protocolo de actuación ante la sospecha de un melanoma es la realización de pruebas, en primer lugar, que suponen un menor riesgo de diseminación para el paciente, dejando en última estancia las técnicas más agresivas. En primer lugar se hará una inspección visual y una dermatoscopia, que permite ver en un tamaño aumentado las estructuras de la epidermis y, de este modo, ver posibles irregularidades en su estructura.

Sin embargo, la única manera de diagnosticar con precisión a patología será mediante una biopsia, que consiste en la extracción, total o parcial, de la lesión sospechosa. Se puede realizar por punción, en la que se extrae un fragmento redondo de piel con una cuchilla circular; por escisión, con una extirpación completa junto con un pequeño borde de piel de aspecto normal; y, finalmente, por incisión, donde sólo se extrae la parte más irregular para analizarla en el laboratorio.

De este modo, tras realizar un diagnóstico y obtener el informe anatomopatolóxico corresponsal acerca del estadio en el que se encuentra la lesión, el/la podólogo/a se plantea el plan quirúrgico idóneo, aunque también puede derivar el caso al área de oncología. En este tipo de procedimientos extirpara la lesión completa más una area de seguridad, que depende de la evolución, profundidad y tipo de lesión, preservandose la mayor cantidad posible de tejido sano. Después, se deben seguir los controles médicos periódicos pertinentes para detectar cualquier posible recidiva.

Como se puede ver, el diagnóstico precoz es esencial para tener un pronóstico el más favorable posible, siendo esta una razón más para visitar a la/el podóloga/o por lo menos una vez al año, ya que las plantas de los pies son zonas que no controlamos visualmente con regularidad, y como especialista sanitario los pueden diagnosticar esta y otras patologías, ayudándonos a prevenir complicaciones.

Bibliografía:

● Albreski, D. E Brett Sloan, S. (2009) Melanoma of the feet: misdiagnosed and misunderstood. Clinics in Dermatology, 27, 556-563.
● Cortés, O. M; Matos, F. N. e Santisteban, G. B. (2017). Reporte y documentación del caso de un paciente con melanocarcinoma lentiginoso acral. IntraMed Journal, v. 6, n. 1.
● VV.AA. (2003). Melanoma: criterios diagnósticos en podología. El Peu, 23(1):8-20.

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