¿DE QUÉ FORMA AFECTA EL ALZHEIMER A NUESTROS PIES?

El alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa progresiva, es decir, el paso del tiempo provoca la degeneración y/o muerte de las neuronas. Esto influye de forma negativa en los movimientos y en el funcionamiento mental. 

Este trastorno se caracteriza por una marcada presencia de cambios fisiológicos en el cuerpo humano, y por el comienzo o agravación de afecciones ya subyacentes como la fragilidad física. Los principales síntomas de esta afección son la pérdida de memoria a corto plazo, la fragilidad física, la pérdida del equilibrio, movilidad y coordinación de las extremidades, así como la perturbación del sueño.

Estado actual de las investigaciones

Durante los últimos años, los investigadores de la medicina y la podología han pensando en la posibilidad de que el alzheimer tenga un particular efecto dañino en la salud de los pies.  Prueba de ello es que, entre otras investigaciones, se ha realizado recientemente un estudio que tuvo por objeto estudiar las particularidades clínicas de la salud de los pies en pacientes con enfermedad de Alzheimer (EA).

Una de las razones de este análisis es que la disminución de la sensibilidad y la ausencia de controles periódicos por parte de personas mayores provoca un uso incorrecto del calzado. Individuos desde los 65 hasta los 95 años fueron centro de estudio por la posible presencia de lesiones podálicas así como por los zapatos que utilizan de forma cotidiana. De este modo, se contribuye a poder evitar o paliar efectos básicos del alzheimer como las alteraciones posturales, caídas u otras enfermedades podálicas.

Ante cualquier duda o problema relacionado con los pies o su movilidad, el podólogo, una vez que valore el caso, nos puede proporcionar unas pautas de cuidados y tratamientos adecuados.

Datos de estudio

La importancia de conocer qué tipo de relación puede guardar el alzheimer con los problemas de los pies de personas con alzheimer es poder prevenir y tratar las adversidades que afectan a sus capacidades motoras y móviles, y el progresivo empeoramiento de posibles lesiones presentes. 

Según el estudio realizado por Daniel López López, profesor del Grado de Podología de la UDC, en un centro terapéutico para pacientes con EA, el 89% de usuarios/as con alzheimer estudiados/as sufrían problemas en los pies. Tan sólo el 30% del total utilizaba un calzado de acuerdo a la forma de sus pies. 

Lo cierto es que pese a que no está científicamente probado que las personas con alzheimer padecen mayores problemas podálicos, se cree que sí influye en sus capacidades cognitiva, social, y también funcional. 

A la hora de controlar periódicamente la salud de los pies, es más importante en este tipo de personas ya que el desorden de sus capacidades intelectuales puede hacerles sentirse indiferentes ante cualquier dolor o molestia leve. Además, la disminución de estas capacidades sumada a la de las motoras dificulta el autocuidado de los pies. Por esto, es fundamental que un familiar o persona a cargo vigile periódicamente el estado de los mismos, y en caso de detectar una alteración, acudir al podólogo.

Tipos de trastornos más comunes

Pese a que padecer alzheimer no implica directamente sufrir alguna dolencia en los pies, se ha comprobado que el 89% sufría problemas podálicos. De hecho, el 79,4% de los pacientes padecían juanetes; un 52% trastornos ungueales o queratóticos; un 47,9% hallux limitus; un 19,2% hallux rigidus; y un 12,3% deformidades digitales como dedos en martillo o en garra.

A su vez, el uso de calzado de diferente tamaño para el pie izquierdo y el pie derecho revela una cifra bastante elevada, ya que son el 69,86% de los pacientes analizados quienes calzan diferentes tallas de pie sea consciente o inconscientemente. A pesar de que el 30,14% utiliza zapatos adecuados a las necesidades del pie, no cumplen con las medidas de ancho requeridas para su perfecto descanso y desarrollo. 

Si bien el avance de la patología viene acompañado del deterioro de la sensación de equilibrio así como del riesgo asociado de caída, ello provoca la disminución de la autonomía de estos pacientes. Por ello, médicos y podólogos inciden en la relevancia de controlar periódicamente la salud de los pies de personas mayores y sobretodo, de personas mayores con EA. Esto favorecería la vigilancia de alguna posible lesión podálica y también de la higiene de sus pies.

En este punto, los datos inciden en que la exploración física de los pies de pacientes con alzheimer debe incluir también un análisis del calzado que utilizan y cuál deberían utilizar. Desde este punto de vista, es destacable el papel que tienen los programas de formación para familiares de estos pacientes. Es de gran relevancia ya que a pesar del diagnóstico clínico la información sobre la materia es escasa y, como en toda ciencia, no existe su conocimiento pleno. 

Recomendaciones

A la hora de tratar con este trastorno, lo esencial es adaptarse a la evolución de la enfermedad. Por ejemplo, si observamos que comienza a perderse movilidad, las personas cercanas al paciente deben animarle a realizar ejercicios que favorezcan sus capacidades mientras puedan paliarse los efectos patológicos de la EA. El hecho de que esta población sea más vulnerable ante problemas podálicos explica la importancia de acudir al podólogo con regularidad, al menos cada dos meses o con la frecuencia que se recomiende en la primera consulta. 

En cuanto al calzado, de forma general, lo más aconsejable son zapatos poco pesados, con cordones, horma ancha, flexibilidad en la zona de los dedos y suela que amortigüe. Así se confiere a la persona una mayor estabilidad, un menor gasto de energía  y que gane en bienestar y calidad de vida.

Para estimular la regeneración de los pies y tonificar los músculos y su movimiento es recomendable también la aplicación de una crema podológica de uso diario. Asimismo, plantear la posibilidad de utilizar plantillas personalizadas podológicas puede ser útil para mejorar la forma de pisar, reducir el riesgo de caída y también el de otras patologías en el pie.

La higiene día a día, obviamente, también es algo a lo que hay que prestar especial atención, sobretodo entre los dedos con el fin de evitar el cúmulo de bacterias u hongos que puedan desembocar en infecciones graves.

El mito de caminar descalzo no es aplicable ya que favorece el riesgo de padecer artrosis, artritis e incluso riesgo de infecciones prematuras en los pies.

Y siempre, ante cualquier duda, consultar con su podólogo/a.

BIBLIOGRAFÍA

  • Particularidades de los pies de las personas con Alzheimer. Daniel López López (et al.). Publicado en: International Journal of Environmental Research and Public Health (2018).

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