Síndrome de espalda dolorosa, ¿cómo afecta a los podólogos?

Permanecer en una postura inadecuada gran parte del día puede provocarnos trastornos dolorosos en diferentes zonas de nuestro cuerpo, principalmente en la región cervical, los hombros, la dorsal y las partes dorsolumbar y lumbar.

Los factores de riesgo más importantes que influyen en la aparición de estos dolores son, por un lado, características personales propias, como la edad, el sobrepeso o el tabaquismo. Por otra parte, la posición que tiene nuestro cuerpo mientras trabajamos tiene una alta incidencia en la aparición de estas afecciones. Sobre esto, a las malas posturas, como trabajar de pie más de dos horas continuadas o inclinar la espalda hacia adelante repetitivamente, se unen los movimientos frecuentes de torsión, los tipos de asientos en los que nos apoyamos, y la tensión psicológica a la puede estar sometiéndonos nuestra actividad profesional. Todas estas circunstancias, en menor o mayor medida, generan una fatiga muscular que podría suponer una contractura muscular primaria.

En las profesiones que requieren una posición más estática del cuerpo, como la podología, la presión que se produce en los músculos comprime los vasos sanguíneos, perjudicando la circulación y la oxigenación de las células. Además, este funcionamiento anormal en una zona concreta afecta a aquéllas más cercanas, dando lugar a más alteraciones en el funcionamiento de los músculos.

En el caso de los podólogos, la mayor parte de sus actividades las realizan manteniendo su cuerpo inclinado hacia adelante, debido a que necesitan obtener información visual precisa de sus pacientes, y a la práctica de técnicas profesionales minuciosas que deben efectuar a poca distancia de los pies que están tratando. A estas condiciones se suma el hecho de que inclinen la cabeza en exceso, y que flexionen toda la columna vertebral, adoptando así una mala postura corporal.

Estos factores pueden dar lugar a la aparición de patologías musculares por sobrecarga en la espalda de los trabajadores, tales como cervicalgias, lumbalgias y dorsalgias postulares. En lo que respecta a los profesionales de la podología, la dolencia de esta índole que más suelen padecer es el síndrome del trapecio, una cervicalgia producida por una contractura en el trapecio. Esto ocurre porque el trapecio, que es el músculo que sostiene al hombro, se tensa cuando el podólogo mantiene de forma continuada una posición de flexión cervical, con la espalda curvada y el antebrazo trabajando sin apoyo alguno.

Para prevenir el dolor de cervicales, se recomienda realizar con la cabeza, en la silla de trabajo, repeticiones de los movimientos “flexión-extensión, lateralidad, rotación del cuello y levantamiento de los hombros” (Gentil García, 2008, p.44).

Las lumbalgias, no obstante, son también habituales en el desarrollo de la profesión, y suelen deberse a la posición que adopta el cuerpo para poder practicar una quiropodia correctamente. Esta acción requiere mantener el cuerpo quieto, una posición en la que los músculos se contraen sin causar algún movimiento. Para practicar este trabajo, además, los podólogos tienden a adelantar la cabeza y echar hacia adelante los hombros, lo que supone adoptar una postura encorvada, y ayuda a generar estrés vertebral, cuyas consecuencias más destacadas son la fatiga física y ciertas fracturas vertebrales.

Eludir una lumbalgia es posible, especialmente realizando ejercicios que corrijan la hiperlordosis y la hipercifosis. Para ello, sentado en la silla de trabajo o de pie, con la espalda apoyada en la pared y los pies alejados de ésta entre 25 y 30 centímetros, hay que realizar una “contracción de abdominales con el dorso recto, retrobasculando la pelvis, manteniendo esta postura durante 15 o 20 segundos” (Gentil García, 2008, p. 45).

Asimismo, al realizar una quiropodia no es recomendable que los pies del paciente obliguen al podólogo a levantar los brazos por encima de sus hombros, ni a flexionar la espalda.

A todo ello se unen los estiramientos para la espalda, los hombros y los brazos, punto importante para evitar molestias en estas zonas. Respecto a esto, las recomendaciones de Gentil (2008) son las siguientes:

“Con los brazos extendidos sobre la cabeza y las palmas de las manos juntas, estirar los brazos hacia arriba y ligeramente hacia atrás. Mantener de 5 a 8 segundos.

Con los brazos por encima de la cabeza coger el codo de un brazo con la mano del otro. Tirar suavemente del codo detrás de la cabeza, creando un estiramiento. Retener 15 segundos.

Con las piernas dobladas bajo el cuerpo, estirarse hacia delante. Tirar de la pelvis hacia atrás con los brazos estirados mientras se presiona ligeramente hacia abajo con las palmas de las manos. Moviendo las caderas hacia atrás o hacia delante se aumenta o disminuye. Mantenerlo 15 segundos”


(p. 45)

De igual manera, para evitar las dorsalgias Gentil (2008) recomienda

“Entrelazar los dedos por encima de la cabeza. Con las palmas de las manos hacia arriba, estirar los brazos. Mantener 15 segundos. Con los brazos detrás de la espalda, extendidos, tirar hacia atrás y hacia arriba. Sacar pecho y hundir la barbilla. Elevar los brazos entre 5 y 15 segundos”


(p. 45)

Adecuar la posición corporal en el transcurso de la jornada laboral, así como hacer pausas periódicas en ésta para relajar la tensión muscular de la espalda y alternar el trabajo con la realización de ejercicios físicos específicos y estiramientos, ayuda a prevenir este tipo de dolencias. Del mismo modo, practicar deporte y actividades físicas en general durante los períodos de ocio, forman parte también de un plan de prevención efectivo para el fortalecimiento de la musculatura.

Junto a todo lo anterior, a los podólogos se les recomienda, de forma específica, mantener una postura corporal de equilibrio, que es la más correcta para el desarrollo de sus actividades. Igualmente, trabajar sentado reduce la carga del peso que soportan las extremidades inferiores del cuerpo humano, pero generan una carga mayor en la espalda que mantenerse en una postura de pie.

Para prevenir las posibles molestias y enfermedades mayores, por otra parte, es necesario que la silla del podólogo cuente con un asiento que permita regular la altura y la posición de su respaldo, para que sea posible la adaptación a cada persona que la utilice. Es preferible, además, evitar los asientos demasiado mullidos o excesivamente rígidos.

Por último, el instrumental que utiliza el podólogo en su trabajo también debe situarse cerca de su cuerpo, en una bandeja móvil, para evitar movimientos bruscos del tronco. Sobre esto, hay que evitar girar el cuerpo, lo correcto es girar la silla.

Bibliografía
-Gentil García, I. (2008). Podología preventiva: síndrome de espalda dolorosa en el podólogo. Revista Internacional de Ciencias Podológicas, 2 (2), 39-47.

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