«Debemos intentar promocionarnos y valorarnos a nosotros mismos»

Ángel Domínguez (concello de Mos, parroquia de Torroso, 1960) fue, entre 2010 y 2012, presidente del Colegio Oficial de Podólogos de Galicia. Un cargo que él mismo abandonó, por pura convicción, luego de conseguir los objetivos que se había marcado al presentar su candidatura al puesto. Aun así, continuó como vicepresidente, hasta el final de la legislatura, por petición de sus compañeros de Junta de Gobierno.

Durante los años que permaneció en la directiva se iniciaron transformaciones profundas en el Colegio. Entre otras acciones, se revisaron los Estatutos de la organización, en los que se estableció un límite de permanencia en los cargos electos, se incluyó la creación de una Comisión Electoral, y se añadió la posibilidad de intercambiar las funciones entre los miembros de la Junta, en caso de que fuese necesario. Además, en este período se creó una nueva página web, más atractiva y actual, se modificó la imagen corporativa del Colegio y se hizo un seguro de vida para los colegiados, entre otras cosas.

De todos estos cambios, el de mayor complicación fue la redacción del nuevo Estatuto, que, en palabras de Domínguez, supuso «una obra de ingeniería legal que requirió dos años de trabajo, de meditación y de reflexión». Un esfuerzo que tuvo su recompensa satisfactoria, palpable en la actualidad, y que enorgullece enormemente a todo el equipo que participó en él.

En su etapa como presidente del Colegio empezó un proceso de renovación, principalmente con la aprobación de un nuevo Estatuto, ¿qué recuerdos tiene de esos momentos?

El primer año, sobre todo los primeros meses, fueron pletóricos y estresantes en cuanto al trabajo. Además, cuando me presenté dije que dejaría de ser presidente en el momento en que el Estatuto estuviese aprobado, porque consideraba que era el cargo era una cosa circunstancial. Y cuando se aprobó presenté mi dimisión, porque yo sólo era un miembro más de la Junta de Gobierno. Estoy convencido de que tuvieron mucho más mérito los otros miembros del equipo de gobierno, el asesor jurídico del Colegio y la administrativa que yo.

En el Estatuto que tenemos ahora se determina, por higiene democrática, que la misma gente no se perpetúe en los electos, y que fuese imposible permanecer en ellos más de ocho años seguidos, es decir, dos legislaturas. Hacer todo esto nos llevó casi dos años. Del primer borrador que se presentó hubo que hacer modificaciones, se presentó una segunda propuesta que hubo que volver a estudiar, y tardamos bastante tiempo. Creo que fue el trabajo más importante que hicimos, aunque entremedias también encargamos un nuevo logo para el Colegio, se organizaron cursos, se renegoció el precio del alquiler de la sede, se contrató un gabinete de prensa… En fin, yo creo que fue un momento muy bonito, de mucha ilusión, y creo que lo que sementamos en aquel momento está creciendo.

Con esta experiencia a cuestas, y teniendo en cuenta que algunos de sus compañeros en ella forman parte ahora mismo de la Junta de Gobierno, ¿cómo valora el trabajo de la directiva actual?

Su labor fue magnífica. El Colegio ganó prestigio a nivel estatal, tiene más peso que nunca en el Consejo General, y eso es importante. Además, se consiguió la compra del local de la sede y, así, el dinero que antes se gastaba en él lo convertimos en una inversión.

Yo creo que el Colegio está muy bien gestionado, estoy muy orgulloso de los compañeros con los que compartí Junta de Gobierno y de todos los que vinieron e colaboraron no COPOGA.

En las próximas semanas habrá elecciones en el Colegio y se cambiará de nuevo esa Junta, ¿le gustaría hacer alguna propuesta a quien tome las riendas próximamente?

A pesar de lo mucho que se hizo, pienso que hay nuevos retos y cosas por hacer. Algo que quedó un poco en el limbo, y que se podría mejorar, es lo de la Receta fácil, que ya está hecha, pero pienso que se debe hacer todavía más sencilla, porque en su momento igual se nos fue un poco de las manos. Es un tema muy importante, pues, cuantas más recetas de prescripción oficial hagamos, más nos van a conocer, porque ahora mismo se siguen haciendo muchas recetas clásicas, las de toda la vida. El problema de esto es que los podólogos no figuran en el registro público de recetas, por lo que nuestra actividad queda menos visible de manera oficial.  

También deberíamos pensar en crear una página web sobre podología, con proyección internacional, patrocinada por el Colegio, en la que se aglutinase día a día un mayor conocimiento sobre la profesión, y en la que se hablase sobre técnicas, términos o tratamientos. Yo lo pondría en gallego, en castellano y en inglés, para que llegase a un público mayor, y que en ella colaborase la Universidad, los estudiantes y profesionales, animando a todos a que aportasen lo que pudiesen, desde pequeños artículos a grandes estudios, revisados por un comité experto. Además, creo que todos tenemos algo que aportar. Creo que podría tener un gran éxito, porque se leería tanto aquí como en otros lugares gracias a las tecnologías actuales.

El cambio de directiva en el Colegio ha coincidido con unos meses de bastante agitación electoral en España. Curiosamente, ninguna formación política ha incluido la podología en sus programas…

La cuestión es que somos un colectivo muy pequeño. A los partidos políticos les interesan más los grandes colectivos, que les pueden ser más atractivos… A pesar de que, después, llegas a la realidad y queda todo en demagogia, porque en política se vende mucho humo. Y no sólo en Galicia, sino en todo el Estado. De hecho, así pasa lo que pasa, que no hay una planificación a largo plazo, y es uno de los grandes problemas de nuestra sociedad.

Normalmente, la mayoría de nuestros gobernantes, por desgracia, no miran más allá de cuatro años. Y la podología tampoco les es rentable ahora mismo a corto plazo, y temo que ni a largo, porque somos un colectivo muy pequeño.

En Galicia, de hecho, las negociaciones con la Xunta para incluir el servicio de podología en el SERGAS no están dando resultados. ¿Qué les diría para que aceptasen?

Hay estudios en los que se demuestra que, en caso del pie de alto riesgo, las amputaciones disminuyen mucho si se tratan con podólogos. Y una amputación no es sólo cortar un miembro, significa ingresos hospitalarios, gastos de medicamentos, dependencia…todo eso supone mucho dinero.

Entonces sí es tan importante ese reconocimiento sanitario para la podología

Yo soy de los que piensa que la podología debería estar en los hospitales, donde se debería crear una unidad de pie de riesgo. Esta unidad también debería ser multidisciplinar y contar, evidentemente, con un vascular, un endocrino y un podólogo.

Es interesante que, por lo menos, se empiece por estas unidades, porque también es una forma de que los podólogos, que muchas veces trabajamos muy solos, en nuestra consulta, podamos pedir una opinión desde dentro del ámbito hospitalario, donde hay más tecnología y más posibilidades. Porque no es lo mismo que llamar a un colega que a otro profesional, con lo que tendrías la misma confianza y comodidad. Por mucho que se diga lo contrario, las profesiones sanitarias tendemos a la horizontalidad, y pasar de una a otra puede ser, a veces, difícil.

Seamos realistas, el dinero que hay es el que hay. Podemos pedir, evidentemente, por pedir que no sea, pero si conseguimos la unidad de pie de riesgo ya sería un gran éxito.

Y para los pacientes, que serían en realidad los más interesados en el asunto, ¿cuál es el beneficio?

Primeramente, porque se ahorra dinero. Y en segundo lugar, porque es un servicio más que va a incidir en la salud de los ciudadanos. Cada día, el paciente tendrá más profesionales para atenderlo y ayudarlo.

Dice que cada profesional tiene que deberse a lo suyo, y el intrusismo es algo que afecta directamente a la podología, a la profesión en sí y a los pacientes

Antes de nada, para combatir el intrusismo tenemos que valorarnos nosotros, hacernos visibles en la sociedad y de cara a otros profesionales sanitarios, y desde el punto de vista legal también hay algunas cosas muy curiosas. Cuando yo estuve en el Colegio, si denunciábamos a un supuesto intruso los inspectores de Sanidad decían que no podían hacer nada, aunque ahora no lo tengo claro, porque al no estar esa persona dada de alta en el registro sanitario no era, claro, un profesional sanitario.

La burocracia puede llegar a estos extremos, es un mundo bastante complejo, e ir a la justicia es un arma de doble filo, porque a veces la sentencia no es muy clara, o incluso enreda el tema aún más. Además, si nosotros exigimos algo, debemos tener claro que nuestro colectivo cumpla también los requisitos, y eso no es siempre tan fácil.

No es sencillo. Yo creo que lo máximo que podemos hacer somos nosotros mismos, darnos a conocer, dar charlas en grupos de vecinos o centros de salud. Evidentemente, es importante tener unas clínicas en muy buen estado de presentación, con cierta modernidad, con todos los requisitos de esterilización a rajatabla, valorarnos, y tener cuidado con lo que hagan las compañías de seguros, que es avergonzante. En definitiva, dar una imagen de que somos distintos y que somos mejores.

Ha vivido de primera mano la evolución de la podología en las últimas décadas, pero el avance hacia la profesionalización del oficio sigue estando de actualidad…

Pienso que un gran problema que tenemos en la profesión, aunque parezca increíble, es que aún no es bien conocida en la sociedad. De hecho, esta semana di una charla en un centro de salud, y muchos de los profesionales del centro no sabía, por ejemplo, que los podólogos podemos prescribir.

Cosas como estas, en cierto modo, a menudo también son culpa nuestra, porque no nos damos a conocer. El Colegio hizo una campaña, con televisión incluso, pero no es sólo eso. Individualmente, nosotros debemos intentar promocionarnos y valorarnos a nosotros mismos. Sobre todo, la gente que acaba de salir de la facultad con ese ánimo de conseguir una agenda propia de clientes.

Lleva muchos años ya ejerciendo, ¿qué significa para usted ser podólogo?

Para mí es una satisfacción. Como persona me siento muy realizado, porque soy bastante inquieto, y hoy en día pocas profesiones te permiten, a nivel pequeño, con medios humildes, probar cosas nuevas siguiendo los criterios científicos. Son pequeños detalles que cada día, si sabes apreciarlos, disfrutas de ellos.

En ortopodología, que yo hago mucho de esto, cada día te das cuenta de que ciertas descargas evitan llegar a la cirugía o a técnicas más agresivas, por ejemplo. En cirugía ves que, a veces, las técnicas más sencillas son las mejores. En algunos casos la infiltración, que es pequeña, si se hace bien puede dar un resultado ideal. Son pequeños detalles que cada día, si sabes apreciarlos, disfrutas de ellos.

Y el futuro de la profesión, ¿cómo lo ve?

Yo creo que el futuro es bueno. Es una profesión en la que somos autónomos y tenemos capacidad de decisión, un lujo que muchas profesiones tienen. Pero también tenemos una gran responsabilidad, y lo interesante es que sepamos combinar los dos aspectos, saber llevar todo con sentido. Creo que tenemos un gran futuro, porque tenemos cirugía, ortopodología, podología deportiva, podología pediátrica y geriátrica… Hay varios campos de la profesión que se pueden explorar.

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