Dejar de fumar para evitar las callosidades en los pies

El tabaquismo se ha convertido en una de las primeras causas, evitables, de mortalidad y enfermedad en las sociedades occidentales. Esto, a pesar de provocar, o al menos ayudar a que aparezcan, afecciones como el incremento de la presión arterial, enfermedades del corazón y dermatológicas, bronquitis crónica, e incluso cáncer. Las sustancias que forman el tabaco, principalmente nitrógeno, dióxido de carbono y oxígeno, son las responsables de los efectos tóxicos del humo del tabaco en nuestro cuerpo, ya que poseen la capacidad de transformarse en ácidos al mezclarse con el agua que recubre la mucosa

Más concretamente, la incidencia del tabaquismo en la piel, bien sea a través del humo presente en el ambiente (vía directa) o debido al humo del tabaco inhalado (vía indirecta), está comprobada. En primer lugar, la piel de las personas fumadoras está expuesta a efectos nocivos, como pueden ser la dificultad para eliminar infecciones, el aumento de la sequedad, la ralentización del proceso de cicatrización, y una bajada del nivel de oxígeno en los tejidos de nuestro cuerpo.

Teniendo en cuenta lo anterior, es lógico suponer que todos estos efectos malignos tienen consecuencias negativas en la salud de los pies de estas personas. De este modo, y aunque no es una hipótesis demostrada, podemos afirmar que el consumo frecuente y continuado de tabaco es un factor de riesgo para la aparición de helomas plantares en los pies, lo que comúnmente se conoce como callos.

Estas callosidades suelen aparecer en las cabezas metatarsales, en el dorso de los dedos y en los espacios entre los dedos, debido al choque entre éstos, comprimidos en los zapatos. En el caso de los callos provocados por el tabaquismo, que se denominan helomas nicotínicos, es habitual que tengan un tamaño mayor a los que sufren personas no fumadoras, y que sean bastante dolorosos y profundos.

¿Por qué aparecen estos helomas?

Fumar favorece que el retroceso de la sangre, desde los pies hacia arriba, sea más lento y complicado. Esa sangre, portadora de toxinas provenientes de la nicotina del tabaco, permanece más tiempo en nuestros pies, por lo que necesitará más tiempo y esfuerzo para eliminar infecciones, curarse y cicatrizar adecuadamente. De igual manera, la mala circulación también disminuye la hidratación y la capacidad de regeneración de la piel de los pies.

Con todo, la combinación de las situaciones anteriores favorece la aparición de callosidades. Además, una vez formado el callo, él mismo dificulta la expulsión normal de la nicotina, que, junto con otros componentes del tabaco, se acumulan en el heloma, provocando dolor, inflamación y la creación de un líquido seroso. En cuanto al tratamiento, los podólogos suelen solucionar este tipo de problemas realizando una quiropodia para limpiar la zona afectada. No obstante, para prevenir los helomas los profesionales recomiendan abandonar el tabaquismo y practicar deporte para conservar la salud de los pies.

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