¿Por qué acudir al podólogo?

En la actualidad la podología es una disciplina científica amplia, cuyos profesionales se encargan de prevenir, diagnosticar, tratar e incluso recuperar a sus pacientes de los trastornos relacionados con el pie que estos puedan sufrir. Entre las afecciones más habituales nos encontramos, entre otras, con alteraciones osteoarticulares y musculares, patologías dérmicas (pie de atleta, papilomas…), pie diabético, uñas encarnadas… Resulta obvia, entonces, la necesidad de poner en manos de profesionales el buen estado de nuestros pies.

 

Los pies, por otro lado, son el principal punto de apoyo del cuerpo humano, por lo que soportan cargas muy superiores al de nuestro propio peso. Esta es una de las razones para vigilar la salud de dichas extremidades, un bienestar en el que la prevención es indispensable. De este modo, los expertos recomiendan acudir al podólogo ante los primeros síntomas de molestias en la zona, con el objetivo de detectar posibles patologías y evitar problemas de mayor gravedad, que podrían incluso afectar a otras partes del cuerpo.

 

Junto a lo anterior, se aconseja también empezar con las consultas en centros de podología en las etapas infantiles, en torno a los cuatro o cinco años de vida, en vistas de conseguir diagnósticos precoces y evitar que se desarrollen patologías en edades más avanzadas. De nuevo el fin es prevenir molestias de mayor índole, como pies planos, deformidades en los dedos…

 

Entre estas enfermedades a evitar se encuentran los problemas de la pisada y la marcha, que de no tratarse podría llegar a causar a medio y largo plazo patologías en los pies y en otras zonas como las rodillas, cadera y espalda. Para comprobar si la pisada es la correcta, es necesario practicar un estudio biomecánico, que ayudará a crear un plan para evitar lesiones musculares y osteoarticulares en la persona afectada, a veces con la utilización de plantillas a medida. En edades tempranas, por otra parte, se indicaría el seguimiento de la pisada del paciente, para supervisar los cambios que se producen en ésta hasta que alcance la edad adulta.

 

Una vez que un paciente ha sido diagnosticado, de algún problema biomecánico o de cualquier otra afección, hay que tener en cuenta los factores externos al propio cuerpo. El más importante es el calzado, ya que abusar de ciertos tipos de zapatos, o utilizarlos de una forma inadecuada, puede traer consecuencias negativas para el pie. Estas molestias, además, afectan en un porcentaje mayor a mujeres, debido principalmente al empleo continuado de calzados con tacón y puntas estrechas.

 

Otro colectivo de riesgo en cuanto a este modelo de dolencias son los deportistas, especialmente en lo que a problemas de pisada se refiere. La práctica de deporte continuada supone miles de repeticiones de un movimiento que puede generar sobrecargas en los pies. En estos casos, lo aconsejable es visitar a un podólogo experto que pueda asesorar al paciente sobre cómo realizar una actividad deportiva de forma adecuada, y que analice su pisada.

 

En definitiva, una buena prevención en el bienestar de nuestros pies puede evitar malestares de gravedad a medio y largo plazo, que se podrían solventar acudiendo a revisiones y consultas habituales a clínicas de podología.

 

                                               Foto de Simon Matzinger en Unsplash.

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